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General   Fundación para la Diabetes

Preparando unas Navidades diferentes

Iñaki Lorente Por: Iñaki Lorente
Asesor en el área de Psicología. Psicólogo de la Asociación Navarra de Diabetes (ANADI)
Fecha:

Me piden que escriba algo que pueda ayudar a las personas con diabetes y sus familias a afrontar estas navidades de una manera razonablemente sana.

Cuando me he preguntado, ¿qué puedo aportar yo? He caído en la cuenta de que, en realidad, mi experiencia sobre este tipo de situaciones es exactamente la misma que la de la mayoría de los que ahora estáis leyendo estas líneas, o sea, las de este año.

Así que, lo único que se me ocurre comentar son mis propias reflexiones y cómo lo estoy afrontando personalmente por si puede serte de utilidad. Te pido que lo encuadres como una reflexión personal y humana y no las indicaciones de un experto. En suma, se trata de una de las infinitas formas que hay de enfrentarse a esta realidad que nos ha tocado gestionar.

Hecha esa advertencia, empiezo.

Cuando me enfrento a una situación desconocida, busco referencias en mi experiencia personal de otras que se le puedan asemejar. Repaso las estrategias que me dieron resultado y las que no. Hago inventario los aprendizajes que obtuve al afrontarlas.

En este caso, son dos los episodios que he tomado como referencia. En el primero, de nuevo, aparecen mis amados Sanfermines: Nadie hubiera podido imaginar tras entonar el “Pobre de mí” al finalizar las del 2019 que en el 2020 no fuera a haber fiestas patronales. Sin embargo, así fue y pasó el 7 de julio, el 8, el 9… sin los tradicionales almuerzos con mis amigos, los aperitivos con mi esposa, las charangas inundándolo todo de sonidos fiesteros, sin los paseos para ver “qué tal va todo por la ciudad”, la tómbola de Cáritas, las noches donde el sillón para reposar es el bordillo de la acera… Pero así fue. Rescatamos lo que pudimos y aquello que las circunstancias nos permitían. ¡Ese fue el mérito!

Cuando pienso en lo que ocurrió reflexiono: Ojalá hubiera habido Sanfermines, los adoro. Pero no hubo y aquí estoy admirándome de la capacidad que tuve (tuvimos) de sobrellevarlo. Al fin y al cabo, eso es resiliencia: la facultad, no solo de sobreponerse a la adversidad, sino de salir fortalecido de la situación, mejor persona, más capaz.

La otra situación en la que busco las claves es más profunda si cabe, más determinante, más trascendente: el momento del diagnóstico. Cuando lo rememoro, lo relevante es que sentí que el suelo cedía bajo mis pies y caía como Alicia por la madriguera del conejo, sin posibilidad de hacer nada para evitarlo. Recuerdo la angustia, y me evoco pensando que así yo no duraría mucho.

Con todo, aquí estoy. Aquellos momentos dramáticos pasaron. Fui capaz de adaptarme, no solo para sobrevivir, sino para seguir construyendo mi vida tal y como la quiero. Jugando las cartas que me han tocado.

Y ahora llegan las navidades del 2020. Unas navidades sin la algarabía de toda la familia pasando platos, teniendo que hablar con un volumen fuera de lo común para que me entienda mi cuñado Rubén, dos puestos a la derecha, sin las croquetas de mi madre, la macedonia de frutas de mi hermana, sin la sensación de que pertenezco a un clan… con sus luces y sombras.

¡Por supuesto que me apena! Pero no me dejo invadir por el desánimo. Me esfuerzo por mantener la idea de que también esto pasará y llegarán tiempos mejores. Lo sé porque sentí mucha más pena con el diagnóstico y también pasó. Los sé porque he comprobado cómo de los Sinfermines también se pueden extraer aprendizajes. Lo sé porque siento que habrá muchas más navidades para desquitarse de esta.

En otro orden de cosas más “terrenal” quiero compartir contigo que voy a echar de menos las entrañables recomendaciones del equipo sanitario. He de confesar que este año me han faltado lo que en otros me inquietaba: La carta citándome para la revisión. El contacto humano con quienes me ayudan en el control de la diabetes.

Ahora evoco la cantidad de navidades en las que he pensado: “todos los años me dicen lo mismo”. Sin embargo, no era así. A lo largo de los años hemos pasado de la prohibición a la restricción; de ahí al intercambio de los carbohidratos del turrón por otros; al tener en cuenta la grasa de esos banquetes; para acabar en el mensaje: “utiliza la cabeza”.  Así que lo que voy a echar de menos esa sensación de estar bien acompañado por mi médica y mi enfermera.

En los tiempos que corren, parece que hay otras prioridades y que la “postal navideña” de recomendaciones es un plato secundario frente a lo urgente. Creo que me toca hacer dos cosas:

La primera agradecer la dedicación que tienen los profesionales, las citas cada cuatro meses. Son como las cosas cotidianas: sólo se echan de menos cuando no se tienen. Y la segunda tarea es tomar, con mayor compromiso si cabe, las riendas de la estrategia a utilizar, sabiendo que, en esta ocasión, no pueden estar tan cerca para apoyarme.

Así que me propongo:

  • Revisar y poner en juego todo lo aprendido sobre mi diabetes, en especial sobre mi diabetes en Navidad.
  • Actualizar mis contenidos a la versión CORONAVIRUS 2.0 (la 1.0 fuero la de los sanfermines).
  • Buscar la información capaz de despejar, en caso de que aparezcan, de todas mis dudas.

En este sentido, siento que tengo la mayoría de cartas de la baraja (son muchos años con diabetes). Lo que ocurre es que debo organizarlas (antes lo hacía mi enfermera con sus entrañables indicaciones). Si descubro que me falta el 4 de tréboles o el as de picas, todavía tengo tiempo para buscarlo en la Asociación, llamando a mi enfermera, en algún foro…

Juega a mi favor el hecho de que ya he experimentado que, cuando me organizo, puedo alcanzar grandes metas y eso mismo me hace crecer.

No voy a negar que la situación me pilla cansado y eso hace que mis fuerzas flaqueen. Pero sé (por la experiencia vivida hasta aquí con mi diabetes) que soy capaz de sobreponerme al cansancio y seguir caminando, subiendo peldaños.

Puedo dedicarme a hibernar, ponerme en “pause” hasta que esto se resuelva o, por el contrario, puedo sacar el máximo partido a la situación. Decido esto último recordando que resiliencia es aprovechar para salir reforzado en situaciones de adversidad.

Es cierto que no auguro mis mejores navidades ni las más felices. Estoy convencido de que echaré de menos muchas de las cosas que lo definen, pero, ¿por qué no sacar todo lo que pueda de las que me toque vivir?

Como decía Joaquín Sabina en una de sus canciones: Si la vida se deja, yo le meto mano. Son situaciones como esta en las que debo darlo todo.

¡Estoy dispuesto!