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General   Fundación para la Diabetes

Sara Artola, doctora: “La diabetes dispara el riesgo renal y cardiovascular: no es solo un problema de azúcar”

Con motivo del Día Mundial del Riñón, la doctora Sara Artola, médico de familia, analiza la relación entre la diabetes y el riesgo renal y cardiovascular.
La entrevista se enmarca en la iniciativa 'Un cuidado compartido', que busca poner en valor al médico de familia como la figura central en el manejo de las patologías crónicas.

En España, se estima que entre 5 y 6 millones de personas conviven con la Enfermedad Renal Crónica (ERC)1, una patología que avanza sigilosamente y que, en sus estadios iniciales, no avisa2. Sin embargo, detrás de gran parte de estos diagnósticos hay un denominador común: la diabetes2.

Con motivo del Día Mundial del Riñón, nos sentamos con la Dra. Sara Artola, médico de familia especialista en Medicina Interna del Centro de Salud José Marvá, Madrid y coordinadora de la RedGDPS.

La doctora advierte de la estrecha conexión entre el metabolismo, el corazón y el riñón, y lanza un mensaje claro: en las personas con diabetes, desde el primer año debemos abordar de forma integral la presión arterial, los lípidos, el peso y la función renal, junto con la glucemia; ese control cardio-reno-metabólico temprano y sostenido es el mejor seguro de vida para preservar nuestros órganos.

Esta entrevista se enmarca en la iniciativa 'Un cuidado compartido', impulsada por AstraZeneca con el aval de ALCER, FEDE y CardioAlianza, que, a través de una serie de vídeos documentales, busca poner en valor al médico de familia como la figura central en el manejo de las patologías crónicas. Además, cuenta con un espacio web con información relevante sobre la relación de la enfermedad renal crónica, las patologías cardiovasculares y la diabetes.

Doctora Artola, para entender la magnitud del problema, ¿qué es exactamente la ERC y por qué se la suele calificar de "enemigo silencioso"?

La enfermedad renal crónica es un proceso progresivo en el que se sufre un deterioro de la función renal3. La misión fundamental de los riñones es eliminar las toxinas que se acumulan diariamente en la sangre y que necesitan ser procesadas4.

El problema es que es un proceso silencioso. No da manifestaciones evidentes, sobre todo en las primeras fases que pueden durar muchos años3. De ahí que sea difícil estimar la cifra exacta de personas con enfermedad renal crónica, pero se calcula que entre un 10 y un 15% de la población española la padece, lo que nos sitúa en esos 5-6 millones de personas3. Muchos de ellos tienen la enfermedad y no lo saben.

¿Cuándo empieza el paciente a notar que algo va mal?

Lamentablemente, cuando aparecen los síntomas suele ser muy tarde. Hablamos de dolor de cabeza, malestar general, náuseas, o ese empastamiento de las piernas y la cara (edemas)4. También aparece un cansancio crónico derivado de la anemia que acompaña a la insuficiencia renal. No hay que esperar a que aparezcan porque realmente ya eso indica que el diagnostico ha sido muy tardío.

El lema de este año pone el foco en la prevención. Sabemos que hay una relación muy estrecha con la diabetes. ¿Cómo afecta el azúcar alto y la obesidad a nuestros riñones?

La conexión es total. La diabetes es una enfermedad caracterizada por la elevación crónica de la glucosa, y esa hiperglucemia permanente produce un daño continuado en las células5. A nivel renal, afecta al glomérulo, que es la unidad funcional del riñón -un pequeño ovillo de microvasos-6.

El azúcar alto provoca rigidez en estos vasos y les impide realizar su función de filtro. Es lo que llamamos microangiopatía. De hecho, la diabetes es la primera causa de diálisis en los pacientes con enfermedad renal crónica7. A este mecanismo se suma con frecuencia la obesidad, que actúa como un factor de riesgo añadido. El exceso de grasa, especialmente la acumulada en el abdomen y en el hígado, se asocia a otras alteraciones metabólicas como la hipertensión o el colesterol elevado, que también sobrecargan al riñón y favorecen su deterioro.

Por eso hablamos cada vez más de un síndrome cardio-reno-metabólico, porque el metabolismo, el riñón y el corazón están estrechamente interconectados: cuando la hiperglucemia y la obesidad no se controlan, se genera un círculo vicioso en el que se dañan simultáneamente los vasos, el corazón y la función renal. De ahí la importancia de actuar desde la prevención y el control temprano de estos factores de riesgo.

Habla usted también del corazón. ¿No podemos entender el riñón sin mirar al corazón y al metabolismo?

Exacto. Cada vez más utilizamos el término síndrome cardio-reno-metabólico para explicar que todo está interconectado.

Existe un círculo vicioso cardiorrenal. Cuando el riñón no elimina el exceso de líquidos, se produce una sobrecarga en el corazón que precipita la insuficiencia cardiaca; y la insuficiencia cardiaca, a su vez, agrava la disfunción renal. El origen suele ser metabólico y hemodinámico: adiposidad, resistencia a la insulina, hipertensión, dislipidemia y daño renal subclínico. Por eso el abordaje ya no puede ser solo “azúcar”; debe ser integral y temprano. El control coordinado rompe el círculo y se traduce en mejoría simultánea de corazón, riñón y metabolismo.

Aquí es donde entra en juego la Atención Primaria. Ustedes son la primera línea de defensa. ¿Cuál es su papel real en la detección de estas patologías?

El médico de familia tiene una información privilegiada. Conocemos el trayecto de vida de las personas, sus antecedentes familiares, estilos de vida, sus hábitos de consumo de tabaco…Eso nos permite identificar activamente quién está en riesgo.

Si tomamos conciencia de que la enfermedad renal crónica da muy pocos síntomas, es vital que en Atención Primaria solicitemos mediciones de la función renal a todos los pacientes con factores de riesgo: hipertensión, diabetes, obesidad o dislipemia2. No podemos esperar a que el paciente venga contando síntomas; tenemos que ir nosotros a buscar la enfermedad mediante análisis de sangre y orina para detectarla en fases iniciales y frenar su progresión.