Los factores ambientales inciden en el desarrollo de la diabetes tipo 1
Para la investigadora Laura Marroquí, la incidencia de enfermedades autoinmunes en el último siglo no se debe solo a factores genéticos
La diabetes tipo 1 (DT1) no se explica únicamente por los genes. Esta es una de las ideas centrales que Laura Marroquí Esclapez, investigadora del Instituto de I+D+i en Biotecnología Sanitaria de Elche (IDiBE) y miembro del CIBERDEM, ha trasladado al congreso de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes (SED) celebrado estos días en Sevilla. “La incidencia de muchas enfermedades autoinmunes ha aumentado demasiado rápido como para atribuirlo a cambios genéticos”, señala Marroquí, que apunta al entorno como desencadenante clave en individuos con predisposición. La investigadora destaca que la evidencia disponible señala con mayor solidez a las infecciones virales, especialmente los enterovirus, como los factores ambientales más relevantes en el desarrollo de la autoinmunidad. A estos se suman la dieta, por su impacto en la microbiota intestinal, la exposición a contaminantes, el estrés. Sin embargo, advierte que sus mecanismos de acción siguen siendo complejos y no del todo comprendidos.
Uno de los aspectos que más está atrayendo la atención de la comunidad científica es la relevancia del momento de la exposición ambiental. Según Marroquí, el periodo prenatal, el nacimiento y los primeros años de vida constituyen las fases de mayor sensibilidad, ya que el sistema inmunitario se encuentra todavía en formación. “En esas etapas son más propensas a producirse cambios epigenéticos que van a determinar nuestra vida adulta y la de nuestra descendencia”, explica.
En este contexto, la microbiota intestinal emerge como un puente fundamental entre el entorno y la respuesta inmune. La investigadora señala que existen datos que muestran alteraciones en la microbiota antes de que aparezca la autoinmunidad en la DT1, lo que abre la puerta a intervenciones que modulen la inflamación y reduzcan el ataque sobre las células beta pancreáticas.
Pese a los avances en la comprensión de estos mecanismos, Marroquí es cauta respecto a las expectativas preventivas. “Hoy en día no podemos hablar de una prevención efectiva de la diabetes tipo 1 basada en cambios ambientales”, afirma. Los ensayos realizados en población de riesgo ofrecen resultados aún modestos. El principal obstáculo sigue siendo la falta de claridad sobre la secuencia causal: cómo interactúan los factores ambientales con la susceptibilidad genética y en qué momento exacto desencadenan la autoinmunidad. Con todo, el campo avanza hacia una detección precoz en fases preclínicas y hacia intervenciones dirigidas a modular la respuesta inmune. “Cada avance en la comprensión de estos mecanismos nos acerca a estrategias preventivas más realistas”, apunta.
Para los clínicos, la investigadora recomienda trasladar a sus pacientes los hábitos saludables generales —dieta equilibrada, uso prudente de antibióticos y evitar exposiciones innecesarias—. Asimismo, subraya que “el entorno importa, pero no actúa de forma aislada. Es la combinación de factores, junto con la predisposición genética y el momento de exposición, lo que realmente determina el riesgo”.
