La farmacia comunitaria refuerza su papel en la prevención de problemas como la diabetes, la desnutrición o el deterioro cognitivo
Es necesario avanzar hacia una práctica basada en la evidencia, el cribado precoz y la coordinación con otros niveles asistenciales. Las V Jornadas SOCFIC Iberoamericanas del Mediterráneo ponen el foco en la aportación de la farmacia comunitaria en ámbitos como la desnutrición, la salud digestiva, el deterioro cognitivo, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares.
Las V Jornadas SOCFIC Iberoamericanas del Mediterráneo abordaron, en una primera mesa centrada en los documentos de Atención Farmacéutica y Nutrición, la diabetes, los probióticos, el deterioro cognitivo y la desnutrición.
El primer eje tratado fue la desnutrición, un problema de elevada prevalencia y con importantes consecuencias clínicas. Ángeles Villanueva, farmacéutica y nutricionista en Madrid, destacó que "la farmacia es un punto clave para la detección de la desnutrición". Este trastorno, derivado de una ingesta insuficiente de energía o nutrientes, afecta a uno de cada tres pacientes hospitalizados, a más de uno de cada cuatro en residencias y a uno de cada cinco en el momento del ingreso en centros de salud mental. Además, presenta una incidencia significativa en personas mayores que viven solas.
Las repercusiones de la desnutrición son amplias y van desde la pérdida de masa muscular hasta el incremento del riesgo de infecciones, caídas o fracturas. También se asocia a una peor evolución clínica, con estancias hospitalarias más prolongadas, mayor número de reingresos y un aumento de la morbimortalidad. A ello se suma una menor respuesta a los tratamientos farmacológicos y un deterioro de la calidad de vida.
Ante esta situación, la farmacia comunitaria plantea la implantación de estrategias de cribado precoz mediante herramientas validadas como el MNA-SF, especialmente dirigidas a población mayor de 65 años no institucionalizada. El objetivo es detectar de forma temprana el riesgo nutricional, derivar cuando sea necesario y promover intervenciones que incluyan educación en hábitos saludables, optimización de la ingesta y, en determinados casos, suplementación bajo supervisión médica. Todo ello exige reforzar la formación de los equipos farmacéuticos y la coordinación con otros profesionales sanitarios.
Otro de los bloques relevantes fue el dedicado a los probióticos. Rafael Carretero, farmacéutico en Madrid, abordó la necesidad de contar con una guía práctica que facilite la recomendación en farmacia. El mercado de complementos alimenticios ha experimentado un crecimiento sostenido del 18,5 % en los últimos cinco años, impulsado en gran medida por el interés en la salud digestiva. Sin embargo, advirtió de la importancia de "tener cuidado con el marketing" y priorizar la evidencia científica.
Durante su intervención, diferenció entre probióticos, prebióticos, simbióticos y postbióticos, y recordó que la eficacia depende de la cepa concreta y no solo de la especie. La guía desarrollada se estructura en cuatro áreas: salud orofaríngea, salud de la mujer, salud de la piel y salud intestinal. Recomendó descartar aquellos productos que no especifican la cepa y subrayó la necesidad de exigir estudios en pacientes reales, con indicaciones claras y beneficios demostrados.
En la práctica, la recomendación debe basarse en criterios objetivos como la cepa, la dosis, la viabilidad de los microorganismos o la evidencia disponible. Este enfoque permite avanzar hacia un modelo de decisión fundamentado, en el que el farmacéutico integra conocimiento científico, oferta del mercado y necesidades del paciente para ofrecer una recomendación adecuada.
El deterioro cognitivo fue otro de los temas abordados. Luis Martínez y Javier Navarro, farmacéuticos y nutricionistas en Albacete, analizaron el papel de la farmacia comunitaria en la detección precoz y el seguimiento. La demencia afecta a más de 50 millones de personas en el mundo y se sitúa en un continuo que va desde el envejecimiento normal hasta la pérdida de autonomía.
En este contexto, el cribado temprano mediante herramientas como MMSE o MoCA adquiere especial relevancia, ya que permite intervenir en fases iniciales. Se estima que hasta el 45% de los casos podrían prevenirse actuando sobre factores de riesgo modificables como el aislamiento social, la depresión, la hipoacusia o el colesterol elevado. Cuando el cribado es positivo, la derivación al sistema sanitario resulta imprescindible.
Desde el punto de vista terapéutico, la farmacología actual no revierte la enfermedad, pero contribuye a preservar la funcionalidad. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa y la memantina continúan siendo la base del tratamiento, mientras que nuevas terapias como los anticuerpos monoclonales frente a beta-amiloide abren nuevas perspectivas, aunque requieren una estrecha monitorización.
El abordaje integral incluye aparte de la optimización farmacoterapéutica, la revisión de la carga anticolinérgica y la promoción de hábitos saludables. La dieta mediterránea, la corrección de déficits nutricionales y la implicación del entorno familiar son elementos fundamentales. En este ámbito, la farmacia comunitaria refuerza su papel en la educación sanitaria, el seguimiento y la mejora de la adherencia.
La diabetes mellitus tipo 2 centró otra de las intervenciones. Angélica Aragón y Paloma Martínez, farmacéuticas y nutricionistas, coincidieron en que "el tratamiento de la diabetes tiene que ser 360" y que la personalización del abordaje nutricional es imprescindible. La enfermedad afecta a 537 millones de personas en el mundo y presenta una prevalencia del 14,8% en España, con un elevado porcentaje de casos sin diagnosticar.
La farmacia comunitaria se posiciona como un punto estratégico para la detección precoz, especialmente en pacientes con factores de riesgo. Signos como poliuria, polidipsia, fatiga o pérdida de peso deben alertar al profesional. El diagnóstico se basa en parámetros como la HbA1c o la glucemia en ayunas, y la intervención temprana resulta determinante para evitar complicaciones.
