Un estudio señala a un popular edulcorante por su contribución directa a la obesidad
Los resultados, publicados en la revista 'Nature Metabolism', arrojan luz sobre el papel distintivo y poco reconocido de un endulzante típico de refrescos y alimentos ultraprocesados
Los edulcorantes vuelven a estar en el punto de mira. Tradicionalmente se han utilizado como una alternativa para endulzar con menos calorías. Pero, en los últimos años, cada vez más estudios apuntan a que no son tan inofensivos como se pensaba. Es el caso del eritritol, que se ha relacionado con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares como ataque cardíaco e ictus; o la sucralosa, que incrementa el apetito, especialmente en personas con obesidad, y altera la respuesta del sistema inmune . De hecho, la OMS desaconseja el uso de los edulcorantes en general porque no ayudan a reducir la grasa corporal y pueden provocar un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares a largo plazo.
Ahora, un nuevo estudio, publicado en la revista 'Nature Metabolism', arroja luz sobre el papel distintivo y poco reconocido de otro endulzante, la fructosa, en el desarrollo de enfermedades, independientemente de su función como simple fuente de calorías.
La fructosa se utiliza en la industria de bebidas y alimentos ultraprocesados debido a su alto poder edulcorante, mayor que el del azúcar. Los investigadores han analizado cómo el azúcar de mesa (sacarosa) y el jarabe de maíz de alta fructosa afectan a la salud humana. Ambos contienen glucosa y fructosa, pero esta última tiene efectos metabólicos únicos que podrían contribuir de forma más directa a la obesidad y enfermedades metabólicas relacionadas.
«La fructosa no es solo otra caloría. Actúa como una señal metabólica que promueve la producción y el almacenamiento de grasa de maneras fundamentalmente diferentes a las de la glucosa», afirma Richard Johnson, doctor en medicina, profesor de la Universidad de Colorado Anschutz y autor principal del estudio.
El trabajo describe cómo el metabolismo de la fructosa esquiva pasos reguladores clave en las vías de procesamiento de energía del organismo. Esto puede provocar un aumento de la síntesis de grasas, el agotamiento de la energía celular y la producción de compuestos relacionados con la disfunción metabólica. Con el tiempo, estos efectos pueden contribuir al síndrome metabólico, un conjunto de patologías que incluyen obesidad, resistencia a la insulina y riesgo cardiovascular.
