La comida ultra procesada en la infancia puede dejar huellas cerebrales de por vida, según revela un estudio internacional
Dietas ricas en grasas y azúcares durante la niñez pueden alterar de forma permanente regiones del cerebro vinculadas al apetito. Las bacterias intestinales benéficas y los prebióticos muestran potencial para revertir parte de este daño.
La oferta de alimentos ultraprocesados y ricos en grasas y azúcares marca el consumo alimentario de millones de niños en el mundo. Según un nuevo estudio publicado por la Universidad de Cork, en Irlanda, el consumo excesivo de este tipo de comida durante la infancia podría alterar la estructura cerebral de manera permanente, incluso después de adoptar una dieta más saludable.
De acuerdo con la investigación realizada por el equipo de APC Microbiome, la exposición temprana y sostenida a alimentos ultraprocesados modifica los hábitos alimenticios y altera regiones del cerebro responsables del control del apetito, como el hipotálamo. Los científicos comprobaron, mediante un modelo experimental con ratones, que quienes recibieron una dieta alta en grasas y azúcares durante la infancia presentaron cambios duraderos en su comportamiento alimentario en la edad adulta.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, refleja que estos cambios persisten aunque los hábitos alimentarios mejoren y el peso corporal vuelva a valores considerados normales. “La exposición temprana a ciertos alimentos puede tener efectos ocultos a largo plazo en los hábitos alimenticios que no son inmediatamente visibles solo con el peso”, afirmó la Dra. Cristina Cuesta-Martí, primera autora del trabajo.
