Genética y obesidad: dónde y cómo vivimos dispara el riesgo de engordar
Un estudio británico muestra que, aunque la genética no ha cambiado en las últimas décadas, el ambiente ha reforzado su asociación con la enfermedad.
Los médicos llevan tiempo avisando: «El código postal hace que el código genético se exprese con mucha más fuerza». Cristóbal Morales, vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), tiene claro que «esta epidemia de obesidad no se debe a un cambio de genes, sino que es el cambio de entorno lo que permite que la fuerza genética se manifieste más».
Junto a él, José M. Ordovás, investigador sénior en el Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento de la Universidad Tufts (EEUU), subraya la idea de que los niveles actuales de obesidad han aumentado demasiado rápido para atribuirlos sólo a los genes, «pero el ambiente actual puede hacer que la predisposición genética pese más». Ambos, en declaraciones a Science Media Center abordan las conclusiones de un estudio que pone de manifiesto cómo los cambios sociales han provocado que la relación entre genética y obesidad se haya vuelto más fuerte en las últimas décadas.
