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Obesidad   Fundación para la Diabetes

La obesidad sarcopénica: cuando el cuerpo gana grasa y pierde músculo

Tener sobrepeso no siempre significa tener reservas “útiles” o fuerza. Existe una condición cada vez más frecuente llamada obesidad sarcopénica, en la que el cuerpo acumula grasa mientras pierde masa y fuerza muscular. Esta combinación es especialmente preocupante porque multiplica el riesgo de desarrollar enfermedades graves.

La doctora Susana Monereo Megías, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional, explica que “la obesidad sarcopénica es la suma de dos problemas de salud que, juntos, empeoran claramente el pronóstico”. No solo aumenta el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular, sino que también se asocia a mayor fragilidad, deterioro cognitivo y peor estado físico general.

Un problema más frecuente de lo que parece

Aunque muchas veces pasa desapercibida, la obesidad sarcopénica es cada vez más común. Se estima que afecta aproximadamente al 10–20% de los adultos, y en personas mayores con obesidad la prevalencia puede superar el 30%, especialmente a partir de los 65 años. El problema es que puede existir incluso con un IMC “normal”, por lo que no siempre se detecta a simple vista.

Un desequilibrio silencioso del cuerpo

La obesidad sarcopénica aparece cuando el aumento de grasa corporal va acompañado de una pérdida progresiva de músculo y fuerza. El músculo no solo sirve para movernos: es un tejido clave para regular el metabolismo, controlar la glucosa y mantener la independencia.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la propia obesidad daña el músculo. Tal como explica la especialista, “a mayor peso, menos ejercicio se realiza, porque todo cuesta más esfuerzo”. Esa menor actividad favorece la pérdida muscular. Además, la grasa se infiltra dentro del músculo, genera inflamación crónica, resistencia a la insulina y dificulta la capacidad del cuerpo para mantener y regenerar las fibras musculares.

El resultado es un círculo vicioso: menos músculo implica menos gasto energético, lo que facilita seguir ganando grasa, y esa grasa sigue empeorando la calidad del músculo.