Las altas temperaturas del verano, y cómo estas pueden conllevar consecuencias negativas en la salud, exigen que se tomen ciertas precauciones, por ejemplo, para evitar golpes de calor o casos de deshidratación. Estas medidas han de ser todavía más minuciosas para aquellas personas con enfermedades crónicas, como la diabetes. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM) advierte de que el calor puede provocar que se alteren los valores de glucosa en la sangre. Algo que también puede verse afectado por los cambios que, a menudo, traen consigo las vacaciones, como comer fuera de casa, los diferentes horarios, la práctica de ejercicio, entre otros.